sábado, 5 de noviembre de 2016

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS


Imagen.- La Adoración de los Reyes Magos.
Autor.- Lucas de Giraldo y Juan Rodríguez
Técnica.- Caliza escúlpida y policromada.
Fecha.- 1.531
Lugar.- Trascoro de la Santa Iglesia Catedral del Salvador
de la ciudad de Avila (España)

      Muchas fuentes afirman que la llegada de los Magos a la ciudad de Belén, narrada por el Evangelista Mateo, no ocurrió, sino que fue escrita por este para hacer cumplir algunas de las profecías que aparecen en el Antiguo Testamento sobre la llegada del Mesías, hay que recordar que el Evangelio de Mateo, tiene como lectores a aquellos fieles que fueron bautizados y provenían del mundo judío, Con su Evangelio, cargado de citas de profecías, con las que se afirma que en Jesús de Nazareth se cumple todo aquello que han dejado escrito los profetas de Israel. Jesús es la Palabra de Dios hecha carne. Mateo no nos dice quienes eran aquellos hombres, tan sólo que eran Magos, no nos dice de donde procedían, ni cuántos eran. A lo largo de la historia del cristianismo, el número de los Magos varío hasta que en el siglo VI aparecen, por primera vez los tres Reyes, posteriormente, los tres Reyes, se les comenzo a representar como símbolo de las tres edades del hombre: Juventud, Madurez y ancianidad. Y represetantes de las tres razas, entonces conocidas: blanca, oriental y negra, así uno de los tres Magos de Oriente se convierte en negro.

         La Catedral de Ávila es la primera Seo de España construída en estilo Gótico, proyectada no sólo como templo donde dar culto a Dios, sino también como fortaleza, formando parte su cimborrio de la Muralla que defiende a la ciudad. En su interior guarda importantes tesoros. Uno de los más importantes sin duda es el Trascoro que se levanta en el centro de la Nave Central, de estilo renacentista. Comenzo a construirse en el año 1527, para cubrir las sillas que forman el Coro catedraliceo, que se colocó en el centro de la nave central, siguiendo el modelo del Maestro Mateo en la Catedral Compostelana. Concebido como un retablo en piedra sobre la infancia del Niño Jesús, En él, además, de la Adoración de los Magos; se representa: el abrazo de San Joaquín y Santa Ana, la Visitación de la Virgen María a Isabel, la Presentación del Niño y la Huida de Egipto, la Matanza de los Inocentes, y el Niño Jesús entre los Doctores. Trabajando en él Lucas de Giraldo y Juan Rodríguez, siguiendo el modelo que Vasco de Zarza realizó en la Girola de este templo catedraliceo, en el Sepulcro del Tostado, Obispo de la diocesis de Avila.

     Lucas de Giraldo es un escultor de la primera mitad del siglo XV, de origen flamenco, trabaja en la ciudad de Zaragoza, instalándose definitivamente en la ciudad de Avila, donde conoce a Vasco de Zarza, y realizando obras para la catedral abulense. Juan Rodríguez, discípulo de Vasco de Zarza, se convertirá en uno de los máximos representantes de la Escuela Renacentista de Avila. Trabajo en las provincias de Segovia y Avila, en especial en la catedral de esta última. 

      La escena de la Adoración de los Reyes ocupa la calle central del Transcoro, separada por hermosas pilastras. Representa el momento en el que los Magos llegan al Portal de Belén, uno de ellos, el más anciano, aparece postrado ante la Sagrada Familia, cubierta por el techo del Pesebre, María lleva en sus brazos al Niño Jesús; mientras San José contempla tras ella la escena, todo ello con gran realismo y detalles. El centro de la escena esta compuesto por la figura sedente de la Virgen y el Rey postrado ante ella.


      María es el centro de la escena, ella porta en sus brazos al Niño Jesús, hacía el que se dirigen las miradas de todos los protagonistas de la escena. Ella es la sede del Niño Jesús, ella es la que muestra a su Hijo a los Magos, ella le protege con sus manos y sus brazos. María es una muchacha joven, que tiene la cabeza ligeramente ladeada hacía la izquierda, donde se encuentra un Rey adorando al Niño Jesús, la mirada caída mirando al Mago que ante ellos está postrada. Peinada en el centro de la cabeza, cayendo el cabello en tirabuzones, que el escultor ha sabido plasmar en su obra a base de pequeños golpes. El rostro de María parece ensimismado, a pesar del momento, soñador, esbozando una sonrisa, casi imperceptible. El pecho de la Virgen oculto por un tocado, que nos recuerda a los que visten las Dolorosas en Andalucia, y que se sigue en el resto de España en la actualidad. Un tocado de multiples pliegues situado sobre el pecho de la Madre y que lo oculta, viste una túnica de mangas largas, que sigue la moda de la época en la que se concibe la imagen, alejada de los vestidos reales que usaría la Virgen en el momento del nacimiento de su Hijo. y cuya parte inferior oculta un manto que cae desde los hombros hasta los pies. cuyos zapatos asoman discretamente debajo de este manto. La imagen se encuentra sobre un peldaño adornado con flores y hojarasca, siendo la única imagen que se encuentra sobre el suelo.


     El Niño Jesús, está sentado sobre la pierna izquierda de la Virgen María, mientras tiene su mano izquierda sobre la de esta, quien le agarra en el pecho, para que no se caiga. El Niño aparece completamente desnudo, y de frente, mientras vuelve su cabeza, inclinandola, hacía la izquierda, mirando al monarca que postrado de rodillas le mira, produciéndose un dialogo entre ambos personajes, el Niño, sonríe, en una sonrisa abierta, no esbozada, como en el caso de la Virgen María, los pies cruzados, el izquierdo sobre el derecho, las rodillas dobladas, la mano derecha alzada sobre la mano de la Virgen Madre, cerrada, no como en otras imágenes que ya tienen en esta época el símbolo de la bendición en ellas.


     Junto a la Madre, en el lado derecho de la escena y cerrando esta, aparece la imagen de San José, un hombre anciano, que de píes, se sostiene sobre una garrota o bastón. José se nos presenta como un hombre de edad madura, a punto de entrar en la ancianidad, pero sin ser aún un anciano. La cabeza ligeramente ladeada hacía el lado izquierdo, donde parece vigilar o custodiar la figura del Niño en brazos de su madre, con mirada recelosa, cauta, llena de temor, de incredulidad, hacía el personaje que se arrodilla ante el Recién Nacido. Seriedad en el rostro de San José, que contrasta con el rostro, tanto de la Madre como del Niño. El autor nos presenta a un hombre calco, en el que un mechón de pelo se puede ver aún en el centro de su amplia frente, de su amplia cabeza, barbas largas y bigote cubren su mentón. Viste una túnica larga que le llega hasta los tobillos, dejando al descubierto unos píes que se ocultan dentro de unos zapatos, un nuevo anacronismo en esta representación de la Adoración de los Reyes Magos, ya que ese calzado es más de la época en la que se realiza la obra que en el Belén del año cero de nuestra historia. Un manto cubre sus hombros y sus brazos, y la garrota o bastón que nos pone ante un hombre anciano sujeta su peso, sus años, la preocupación de esta extraña visita de la que es testigo.


   Tras José, y sobre su cabeza un cobertizo realizado con maderas, palos y paja, recuerda el lugar donde según la tradición se produjo el Nacimiento del Salvador: Un pesebre o establo a las afueras de la ciudad de Belén, realizado con gran detalle, se puede ver los troncos, incluso, ocurre en el bastón o garrota de San José, los nudos de la madera. Bajo esta techumbre, simplemente esbozados sobre la piedra, casi sin relieve alguno: el buey y la mula, que según la tradición se encontraban en el lugar donde se produjo el naticilio, comienzo en un haz de paja, el detallismo de este escultor, queda reflejado en el heno que la mula intenta comer o el que está delante del buey. La mula se encuentra ajena a lo que ocurre en su hogar, mientras el buey mira la escena de la adoración de los Magos. 


     Postrado, ante la Virgen y el Niño, de rodillas nos encontramos con el primero de los Reyes Magos, se trata de un rey joven, en el que el escultor a tallado has ta los más mínimos detalles. Nos encontramos ante un hombre joven, de cabello, barba y bigote rizado, corto, que nos recuerda los retratos de los nobles de la época. El autor ha acercar a los fieles el momento de la Adoración de los Magos en las vestiduras de los dos primeros reyes, este adorador y el que está a su lado. El monarca postrado de rodillas eleva la cabeza, eleva la mirada al Niño, y sorprendido ante la fragilidad del Niño Jesús abre la boca, en un gesto lleno de extasis, un extasis que intenta comprender laverdad de lo que sus ojos ven, pero su corazón, aún es incapaz de entender, y ante lo que sólo queda orar, uniendo las manos, unas manos con los dedos demasiados largos y demasiadas grandes las manos se juntan y oran. Viste una túnica corta, que deja ver sus calzas a la altura de la pantorrilla, una sobrecapa, ricamente adornada en sus bordes con bordados de hojasca y sobre ella un collar. Colgado de los hombros una espada metida en su funda, una funda ricamente adornada y ante él su obsequio una cofa, con ricos adornos que deja en el suelo como ofrenda al recién nacido. Su retrato es el retrato, seguramente de un noble de la ciudad de Avila, al que el escultor a alzado a la realeza en esta gran obra del plateresco español. 


      Junto al Rey adorador, encontramos un segundo monarca, un hombre joven, imberbe, que porta en su mano izquierda la ofrenda que fa a realizar al Niño Jesús. Se trata de un noble de la corte castellana, que viste a la usanza de esta. El rostro es el de un joven que parece contrariado ante lo que sus ojos están viendo, el pelo cortado al estilo de la época. sin detalles de los mechones del cabello. Tocado con un sombrero típico de la España del Siglo XVI, puestos de moda en la España de ese siglo por los Austrias: Felipe I y Carlos I. Túnica hasta las rodillas, dejando ver las calzas y las botas del monarca, todas ellas con ricos acabados, las mangas acabadas en las muñecas con pieles, la espada, a la altura de la cintura, sin tanto ornato, como la del monarca que esta adorando al niño, en el pecho un rico collar, en el que el artista ha querido mostrar los detalles, que refleja en otras partes de esta escultura abulense. En la parte superior de la túnica, encontramos gran detallismo de los bordados que tenían estas piezas de ropa.  


      Pero, sin duda, una de las imágenes que más pueden sorprender es la del Rey Negro, y sorprende si nos hemos parado a contemplar la interpretación de esta escena que hace en la misma Catedral, Vasco de Zarza en el sepulcro del Tostado. Allí los tres monarcas son blancos, aquí encontramos el primer Rey Negro. Se conserva el color original del mismo, a pesar de los siglos transcurridos desde su ejecución. Se trata de un mercader musulmán, vestido de distinta forma que los otros dos monarcas, para diferenciar su país de origen. Nos encontramos ante un hombre maduro, de color negro, con el pelo rizado, bigote partido en dos debajo de la nariz y una amplia sonrisa, el gesto adusto de los otros monarcas, en este Rey se convierte en felicidad, ha llegado a su meta y se siente feliz de encontrar un Niño pequeño. En su mano derecha, diferenciandolo del otro rey porta una copa donde lleva su obsequio al recién nacido, una copa en la que, una vez más encontramos múltiples detalles, que nos recuerdan la riqueza de  la misma. Viste el Rey una casulla larga que no deja ver la ropa interior que pudiera vestir, sólo los brazos de la túnica se pueden ver gracias al gesto del monarca, que sostiene en su mano izquierda el sombrero que llevaría en su cabeza, del que el autor nos da a través de su gubia muchos detalles, una vez más nos encontramos con la importancia que este autor da a los detalles pequeños, en los que no se cansa de decirnos cosas. Es un turbante, ricamente adornado con piedras preciosas y acabado en una borla, en la que el autor plasma hasta los hilos que forman este detalle de su sombrero. Sin duda, podríamos decir, que es el primer Rey Mago Negro de la provincia de Ávila.


      No existe un gran cortejo de criados de los Reyes Magos en esta Adoración, como puede ocurrir en otras, tan sólo dos cabezas de dos niños aparecen en el fondo de la obra: dos criados uno negro y otro un joven blanco que se encuentran tras una puerta cerrada, por donde han entrado en el Portal de Belén los Monarcas. 


     A lo largo de este artículo he hablado en multitud de ocasiones de la multitud de detalles que nos encontramos en este retablo de piedra de la Catedral del Salvador, pero hay un detalle que muchas veces pasa desapercibido al que contempla por primera vez el mismo: se trata de algo que nos inscribe el momento en un contexto: la intimidad de la familia de Nazaret, en la parte inferior del mismo, junto a la imagen de la Virgen María nos encontramos una almohada sobre la que el autor ha colocado unas tijeras, un dedal y un hilo, María estaba cosiendo cuando han interrumpido en la escena los Magos de Oriente y sorprendida les presenta su hijo. Un momento de intimidad se convierte en un momento histórico, extraordinario, de nuevo para la Familia.

miércoles, 6 de abril de 2016

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS DE JAN GOSSAERT


Imagen.- Adoración de los Magos.
Autor.- Jan Gossaert
Fecha.- 1515
Técnica.- Óleo sobre tabla
Lugar donde se conserva.- National Gallery de Londres
   
       Uno de los textos que más ha influeciado a los artistas de todas las épocas, de los relatos evangélicos de la infancia del Señor; ha sido, sin duda, la Adoración de los Magos que nos ha sido transmitida por el Evangélista Mateo. Frente a la adoración de los Pastores y su austeridad, la Adoración de los Magos se completa con objetos y ropajes llenos de riquezas que permiten al artista jugar con su imaginación. Las primeras representaciones de esta escena, la encontramos en las Catacumbas romanas, allí María aparece en un extremo de la escena, con el Niño en brazos, y los Magos en fila, llevando sus dones al Niño. Ya en el siglo V, María deja su extremo y se coloca en el centro de la escena, con el Niño en brazos y los Magos alrededor de ella, añadiendo a la escena los Camellos, con los que los Reyes Magos habrían llegado al Portal, tras un largo camino.  En la Europa del siglo XVI surge un nuevo estilo artístico en la ciudad de Amberes, que conocemos como Manierismo de Amberes, moviento que se aleja del Renacimiento Europeo o del Manierismo Italiano, dentro de este movimiento nos encontramos con Jan Gossaert.

      Jan Gossaert es un pintor flamenco, cuyos primero datos conocidos son del año 1.503, cuando aparece como Maestro del Gremio de Pintores de Amberes. Pocos datos de este autor de antes de esa fecha. Sus primeras obras están muy influenciadas por Jan Van Eyck y Hugo van der Goes. En 1.508 viaja a Italia, visitando varias ciudadades donde recibe el encargo de copiar obras clásicas, lo que va a provocar una gran influencia en su obra, influencia que se puede comprobar en las pinturas que va a realizar para el Palacio de Felipe de Borgoña, muerto su protector el Maestro Gossaert vuelve a su taller donde va a realizar pequeñas obras que componen el mundo artístico de este pintor holandes.  


        Jan Gossaert representa la Adoración de los Magos en el interior del Portal de Belén, que el autor sitiua en el interior de un edificio, probablemente un templo, en ruinas, donde el paso del tiempo queda reflejado en los desperfectos causados en su majestuosidad, desperfectos que vemos en el mal estado del suelo. Podríamos afirmar que el autor ejecuta en su obra dos escenas bien diferenciadas: el cielo y la tierra, el cielo poblado de ángeles y la tierra donde se desarrolla la Adoración de los Magos. En el centro apararece la Virgen María con el Niño, completamente desnudo, sentado sobre su regazo, Mientras Melchor, arrodillado ofrece su ofrenda al Recien nacido, Tras él Gaspar de pie, trae su ofrenda, seguido de su sequito, igual que Baltasar, negro, en el otro extremo de la escena trae en su mano la ofrenda, seguido por su sequito. En el fondo se ve un hombre vestido con una túnica roja, que podría ser San José, mientras un curioso se asoma a una ventana para contemplar la escena, y un grupo de pastores en la entrada del Portal de Belen, esperan para adorar al niño, contemplando maravillados la escena. Sobre ellos se abre una corte de ángeles, al fondo, como una pincelada el Espíritu Santo en forma de paloma y sobre la madre y el Niño, una estrella, la Estrella que ha traído a los Magos desde Oriente a Belén, y que algunos autores han querido ver como la presencia de Dios Padre. convirtiendo Jan Gossaert esta Adoración de los Magos en una Santísima Trinidad. Además el autor, en los Magos, sigue la corriente que ha querido representar en ellos las tres edades del hombre: Juventud en el Rey Negro, Plenitud o madurez en el Rey de la barba castaña, y la ancianidad en el Rey postrado ante el Niño. Pero también la corriente que quiso ver en los tres reyes las tres reazas hasta entonces conocidas en el mundo: la raza aria en el Rey postrado ante el Niño Jesús, Oriente representado en el Rey de la barba castaña y la raza negra en el Rey Baltasar. 

       Jan Gossaert se deleita en los ropajes de los Magos, frente a la sencillez con la que viste a la Virgen María, un manto grande que cae a ambos lados del cuerpo de la Virgen y una túnica, donde juega con una gama de azules. El Niño, como ya hemos dicho anteriormente aparece completamente desnudo. jugando con la copa que el Mago ofrece. El Rey con suntuosa capa de piel y brocado granate, donde el autor minuciosamente ha dibujado varios detalles, la copa, es un minucioso trabajo de orfebreria. Gaspar tras él, porta en su mano, igual que Baltasar su ofrenda, se trata de una rica pieza de oferbreria, realizada con mucho detalle, como ocurren con las coronas de los dos monarcas que nos recuerda el gótico tardío de la zona. Sus vestiduras como las del Rey que está postrado y la del séquito que acompaña a los Magos, son ricas telas, donde el autor plama con detalle los dibujos y otras características de la tela. Además de poner sobre alguno una cadena y ricos turbantes y sombreros cubren sus cabezas. Las túnicas de los ángeles, de San José y de los otros personajes, son sencillas, sin ornamentos.

       La gama cromática va desde el azul mariano, a los ocres, granates y verdes de los Magos y los ángeles que sobrevuelan la escena, destacando sin duda el rojo del hombre que aparece al fondo de la escena, más calido, que el de la capa del Rey Baltasar,  

       Recordemos el viaje del autor a Italia, y cuyo influjo vemos en algunos pasajes de esta obra: en la momumentalidad arquitectónica que sirve de escenario, que se inspira en la grandiosidad del renacimiento italiano que El ha conocido. Algunos autores han querido influencias de Leonardo da Vinci en el rostro de la Virgen María, mientras otros quieren ver un homenaje a Durero en el perro que aparece a la derecha del cuadro.

lunes, 14 de marzo de 2016

LA RESURRECCIÓN DE JESUS SEGÚN GIOTTO


Imagen.. Noli me tangere
Autor.- Giotto
Fecha.- 1302 - 1304
Técnica.- Fresco
Lugar.- Capilla de los Scrovegni de la ciudad de Padua (Italia)

     De los relatos evangélicos de la Resurrección de Jesús, sin duda, uno que más ha influido en el arte ha sido, sin duda, la Aparición de Jesús a María Magdalena, en la mañana del Domingo de Pascua, que nos ha sido transmitida por San Juan, el relato nos situa la escena en las próximidades del Santo Sepulcro, donde había un jardín, en el que María llora desconsolada la desaparición del cadáver del Señor, allí, el mismo Jesús se acerca a ella, vestido como un jardinero, consuela a María y descubre ante ella su nueva figura glorificada tras la Resurrección. En ese momento María, quiere abrazarle, mostrarle su cariñoo, pero el Señor, no la deja, dice: "Noli me tangere, No me toques·. Ese es el tema de esta obra con la que Giotto quiso representar en la Capilla de los Scrovegni la Resurrección del Señor. 

      En el año 1300, en la ciudad de Padua comienza a levantarse un Palacio y una capilla privada anexa a dicho palacio, que tendría como función ser la Capilla Funerararia de la familia Scrovegni. Enrico Scrovegni es quien manda construir estas edificaciones que se levantan junto al Anfiteatro de la Ciudad, de estas sólo se conserva en la actualidad la Capilla. El lugar donde se levantaría estas edificaciones era conocido como la Arena, por lo que la Capilla, fue conocida como la Capilla de la Arena. La capilla funeraria está dedicada a Santa María de la Caridad. Enrico ordena, según algunos historiadores, esta Capilla para expiar los pecados de su familia, una rica familia paduana, que según la tradición había logrado su fortuna de forma oscura. El padre de Enrico era conocido en Padua como un usurero, de ahí vendría la fortuna familiar. Enrico en una de las paredes de la Capilla aparece ofreciendo la Basílica al Señor, en el momento del Juicio Final como expiación de sus pecados. Para decorar la Capilla, Enrico escoge a uno de los grandes pintores de su época: Giotto. a quien encarga decorar los 900 metros cuadrados de la misma con escenas de las vidas de Santa Ana, San Joaquín, la Virgen María y el Señor Jesús, que se iban a convertir en la obra maestra del italiano.

      Giotto, en esta escena, nos presenta tres escenas distintas: los guardias dormidos, guardando el Sepulcro, los ángeles sentados sobre el lugar donde estuvo reposando el Cuerpo del Señor, y la aparición que da nombre a la obra. En la obra, lejos del simbolismo, los personajes parecen tener movimiento, a pesar de estar dormidos, como el caso de los soldados. Pero donde vemos ese movimiento es en las figuras del Señor y María Magdalena. El viento mueve la bandera que el Señor porta, apartándose de María, con el gesto, con intención de caminar, mientras María postrada de rodillas intenta con sus manos alcanzar a Jesús. Al fondo aparece un monte en cuyo ladera esta el Santo Sepulcro, abierto y donde descansan los ángeles. los personajes se sobreponen a este paisaje, formando parte de él.

      El fresco, como he dicho anteriormente se podría dividir en tres escenas, donde Giotto nos muestra la maestría de su arte. En la parte inferior derecha del cuadro aparece el Santo Sepulcro, vacío, destapado y a sus píes, los soldados romanos que las autoridades religiosas hebreas pidieron que fueran puestas para evitar la Resurrección de Jesús. Los soldados aparecen dormidos, ajenos a todo lo que ha pasado, tumbado en el suelo y otros sentados, recostados en las paredes de la Sepultura, con sus manos sosteniendo su cabeza o apoyada en un escudo, como la figura del soldado que aparece más próxima a la escena de la Aparición.

      Dos ángeles descansan sobre el Sepulcro vacío y abierto. Uno de ellos señala el lugar donde el Cuerpo estuvo y ya no está, mientras el otro con una llave en la mano, símbolo de la Puerta que abre Jesús con su resurrección y que los ángeles según el relato Bíblico ha sido custodiada por él, desde el pecado de Adán, en el Paraíso, la llave de la Vida, la llave que abrió el Sepulcro para no volver a ser cerrado, mira el encuentro de Jesús con la Magdalena, esbozando una sonrisa, dotándole así de expresividad, una de las características del maestro Giotto.

      Al lado del Sepulcro aparece la escena principal de la obra: el Encuentro de Jesús con María, su aparición, la primera de la Mañana de Pascua. Es un lugar donde crecen pequeñas plantas, el Jardín del que habla el Evangelio. En el María, cubierta con un manto ocre, se postra de rodillas, mirando al Señor, intentando con sus manos tocarle o rozarle, frente a ella, el Señor, aparece de pie, vestido de blanco, símbolo de su Triunfo sobre la Muerte, y portando la bandera que nos invita a pensar en este triunfo, intenta que la Mujer no le toque.

viernes, 20 de noviembre de 2015

LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO EN EL TEMPLO


Imagen.- La Presentación del Niño en el Templo.
Autor.- Fray Rodrigo de Holanda.
Fecha.- Hacía 1.530.
Técnica.- Relieve tallado sobre madera
Lugar donde se conserva.- Museo Nacional de Escultura de la ciudad de Valladolid.

      Lucas en su Evangelio, en el capítulo segundo afirma, que San José y la Virgen María, cumpliendo las leyes judías, a los cuarenta días del nacimiento del Niño Jesus, es llevado al Templo para ser presentado ante Dios y para la purificación de su Madre. En ese momento aparecen en el Templo dos personajes que aguardan la llegada del Hijo de Dios y que ven en el Niño de Belén al Esperado de Israel, pero, al mismo tiempo, Simeon anuncia que la redención que trae ese Niño, va a venir marcada por la división, por la no aceptación de muchos del mensaje salvador del Niño y que esto producirá un gran dolor, que se manifestará en la espada que traspasará el corazón de la Madre, 

         En la villa vallisoletana de Olmedo había un Monasterio, que pertenecía a la orden de los Jeronimos. Llamado de Nuestra Señora de la Mejorada. Para cuya claustro en el siglo XVI Fray Rodrigo de Holanda ejecutase tres retablos: El Retablo de la Pasión, el Retablo de la Resurrección y el Retablo de la Virgen o de la Infancia de Cristo. Que con la Desamortización de Mendizabal en el siglo XIX pasan a formar parte de la Colección permanente del Museo de Escúltura de Valladolid. 

             En la representación del pasaje que hoy nos ocupa en esta entrada, Fray Rodrigo de Holanda, como viene siendo habitual en su obra, recurre para su inspiración, posiblemente a una estampa proveniente de Europa central y que el autor, masgistralmente, trasalda a la madera, con gran habilidad y técnica.

        Fray Rodrigo de Holanda, olvidando las escenas que nos transimite Lucas en su Evangelio, que son usadas como inspiración para muchos artistas que se enfrentan a este tema, nos presenta el momento en el que el niño es ofrecido en el Templo. Recurriendo a la aparición de numerosos personajes secundarios que enriquecen la escena y nos permiten valorar la maestria de su autor a la hora de ejecutar la escena. Ocupa la parte central de la misma, una misa que sirve de Ara o altar de las ofrendas, donde un sacerdote, colocado a la derecha del espectador, tiene en sus brazos al Niño Jesús, se trata de un sacerdote anciano,cubierta la cabeza por una tela sacerdotal y el rostro cubierto de barba, quizá el único protagonista de la escena, del que podemos afirmar que vestiría, con seguridad, como vestían en la Jerusalén del siglo I de nuestra Era, y no como en la Valladolid del siglo XVI, que visten el resto de los personajes que integran esta obra de arte. El niño que el anciano lleva en sus brazos está compeltamente desnudo, dejando caer un brazo. Frente a ellos, una mujer, joven de rodillas, contempla la escena piadosa, probablemente es María, la Madre de Jesús, que viste como una doncella del siglo XVI, su actitud es orante, pero serena. A su lado un hombre, anciano, con un sombrero o gorro en su mano, de perfil contempla la escena, siguiendo la iconografía josefina de estos siglos, podemos identificarlo como San José, junto a la mesa, aparecen dos ancianos, el hombre señala al Niño, mientras dirige su cabeza a María, probablemente a este anciano podríamos identificarlo como el Anciano Simeón, que mientras el Sacerdote presenta al Niño en el Altar, dirige a su Madre, la profecía de la que Lucas nos informa en su Evangelio. Una mujer, con las manos unidas en actitud humilde sobre su pecho mira la niño. Tras ella, otra mujer, de la que sólo podemos ver la cabeza mira la escena, quizá una curiosa que llegara en ese mismo momento al templo y al escuchar las palabras de Simeón, asombrada, se acercará a mirar la escena, igual que el hombre, joven, que aparece tras la figura de San José. Todos ellos estan dentro de una estructura gótica, que nos recuerda un templo de este estilo en Castilla. 

martes, 17 de noviembre de 2015

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS


Imagen.- La Adoración de los Magos.
Autor.- Alberto Durero.
Fecha.- 1.504
Técnica.- Oleo sobre tabla.
Lugar donde se encuentra.- Galeria de los Ufizzi. Florencia (Italia)

     
      Mateo, en su Evangelio, es el único texto que hace referencia a la llegada de los Magos a la ciudad de Belén, poco después del nacimiento del Niño Jesús. Mateo no dice el número de Magos, ni sus nombres, ni sus razas, ni su procedencia. Tampoco nos habla de la edad que pudiera tener el Niño Jesús en el momento de la llegada de los Magos. Pero el texto de Mateo ha influeciado en gran medida en el arte, pudiendo ser uno de los temas más repetidos por los artistas de todos los tiempos.

      Durero es, sin duda, uno de los pintores más importantes del Renacimiento Aleman. Su formación artística comienza en el taller de su padre, pasando después por varios talleres y viajando a Italia, donde conoce la obra de Leonardo Da Vinci, a través de copias que pudiera contemplar, ya que no pudo conocer en persona a Da Vinci. A su vuelta a Alemancia recibirá importantes encargos.

          Uno de esos importantes encargos. Alberto Durero lo va a recibir de Federico III. es esta tabla para el altar de su capilla palatina de Wittemberg, la obra estaba completada por otras dos tablas, que desgraciadamente fueron desmontadas y repartidas por distintos museos europeos, llevándose está a la Galeria de los Ufizzi de Florencia en Italia. En esta Adoración de los Magos, Durero deja algunas señales de la influencia que acaba de recibir de Italia, que queda reflejada en los colores de la ropa de los personajes, en el paisaje donde se desarrolla la escena, la luz del cielo, que nos recuerda todo a la pintura que en esos mismo momentos se está realizando en Venecia. Durero llena de detalles su obra, dibujando primorosamente todos los elementos, que podemos comprobar en las ofrendas y vestidos de los Magos.

       Los Magos llegan a un paisaje de imponentes ruinas, que recuerdan el Renacimiento italiano. María aparece en el centro de la escena, sentada sobre una escalera, sobre su regazo el Niño Jesús, sostenido por los brazos de María, mientras el Niño se aferra al cofre, que contendría el Oro que ofrece, de rodillas, el pirmer Mago, Melchor. Contempla la escena Gaspar, que muchos autores han querido identificar como un autorretrato del propio Durero. Baltasar, que ya es representado como miembro de la raza Negra, espera su turno para ofrecer al Niño, su ofrenda. Con la representación de los tres Magos, durero simboliza las tres edades del hombre: Ancianitud: en el Rey Arrodillado, Plenitud en el Rey que es su autorretrato y juventud en el Rey Negro.  Al fondo de esta escena principal, Durero nos muestra debajo de un gran arco el cortejo de los Magos y más allá un camino que se pierde hasta una ciudad, Belén, que se transforma en una ciudad europea medieval, para atraer la escena bíblica a la fe de los creyentes de su época. Pero algo llama la atención y es la desaparición de la figura de San Jose de la escena, figura que estaría, según el relato evangélico de Mateo en la misma y que aquí no acompaña a María y al Niño. Tras la imagen de la Virgen y el Niño nos encontramos con un improvisado establo, en el que sólo hay un buey y una mula.

        Destacando los colores calidos: el azul del manto de la Virgen, el rojo del manto del rey Melchor y las calzas del rey Baltasar, el morado de este o el verde del rey Gaspar. El cuadro lo podríamos dividir en dos: en un primer plano: la intimidade de la Adoración, los personajes aparecen casi sin movimiento, como si el tiempo se hubiera detenido. Mientras que en la escena del fonto todo es movimiento, movimiento que queda reflejado en el caballo encabritado que pone de pie sus patas delateras.

        La influencia, de la que hemos hablado en esta entrada, de Leonardo Da Vinci, queda reflejada en esta obra en el esquema diagonal de la obra y en la ambietación ruinosa, incluso en la narracción pictórica de una escena como es el caballo encabritado que aparece en el fondo de la obra, y del que ya hemos hablado anteriormente. . 

miércoles, 29 de julio de 2015

ANÁSTASIS


Imagen.- Anastásis.
Lugar donde se encuentra.- San  Salvador de Cora.
Siglo.- XIV

    Comienza con esta entrada una nueva colaboración de nuestro amigo y pintro: Javier Romero Picazo, tras las manifestaciones del arte de las catacumbas los primeros retratos que se hacen del Señor son Iconos, tradicción que aún mantiene viva la Iglesia Ortodoxa y algunos autores como Javier Romero Picazo, comienza su colaboración explicandonos el presente icono.

      Tanto en Oriente como en Occidente se han desarrollado muchas maneras de representar a Cristo resucitado. En el Oriente cristiano privilegian los iconos, cargados de simbolismo para transmitir un mensaje teológico. Entre ellos destaca la representación de la “Anástasis” (palabra griega que significa “Resurrección”), también llamado “Icono del descenso de Cristo a los infiernos”. Esta palabra la decimos en el Credo y significaba en la antigüedad el lugar donde estaban los muertos, que no podían ir al Cielo antes de Jesús redimidos con su muerte y resurrección. Así que al morir Jesús fue a este sitio a anunciar a los muertos la salvación que Él había conseguido con su muerte y que por eso ya podrían pasar al Cielo. 

      En el centro del Icono vemos a Cristo revestido de luz, aunque conserva las llagas de la pasión en las manos y en los pies. A sus pies hay unas puertas rotas, son las puertas del abismo, del infierno, de la morada de los muertos, de la que nadie podía salir hasta entonces. Simbología de que Cristo no solo ha abierto las puertas del lugar de las tinieblas, sino que las ha roto para que ya nunca puedan volver a cerrarse. Su túnica es blanca representación de su Gloria, así se le representa también en el Icono de la Transfiguración, y que nos recuerda la Victoria de Cristo y también nuestro bautismo. El dorado también está presente en su túnica señalando que Él es Sacerdote, Profeta y Rey. 

      Por debajo de las puertas rotas, se encuentra un personaje encadenado, es la representación de la muerte, que ha sido vencida, cumpliéndose la palabra de Cristo “Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín (Lc. 11,21-22). También se puede contemplar que alrededor están los cerrojos, las llaves y los instrumentos de tortura, rotos e inservibles. San Pablo lo interpreta “Subió a lo alto llevando cautivos. Que se presente la palabra subió supone que había bajado a lo profundo de la tierra, San Pedro también lo explica “Cristo fue a predicar incluso a los espíritus que yacía en la prisión, a los desobedientes de otros tiempos” (1Pe 3,19-20). 

     Por eso alrededor de Jesús, se encuentran varios personajes del Antiguo Testamento que varían en cada Icono. Se pueden ver a la izquierda al Rey David (con barba y corona), al rey Salomón (sin barba pero también con corona) y a Juan Bautista (con larga barba y melena). A la derecha se distingue a Abraham (con larga barba blanca), con su hijo Isaac (Barba marrón) y a Abel (jovencito con cayado de pastor). Los dos personajes que salen de los sepulcros y a los que Jesús toma por las manos son Adán y Eva, dando simbolismo a que Cristo viene a redimir a todos, empezando por los primeros padres. Ahora no son ellos los que elevan la mano para tomar el fruto del árbol prohibido, sino que es Cristo, fruto del árbol de la vida, que los toma de la mano y se ofrece a ellos como alimento de inmortalidad. 

     Podemos comprobar como dos montes aparecen al lado, uno iluminado, es decir más blanco, significando el abismo y que La Luz ha llegado a la Oscuridad de los infiernos y que Cristo a vencido a la muerte, es la Luz de la Resurrección.

martes, 19 de mayo de 2015

EL BAUTISMO DE CRISTO


Imagen.- El Bautizo de Cristo
Autor.- Juan Navarrete El Mudo.
Fecha.- Hacía 1.567
Técnica.- Oleo sobre Tabla.
Lugar.- Museo del Prado de Madrid (España)

      Juan Navarrate es un pintor del siglo XVI español que se traslada, como otros pintores españoles, a Italia para completar sus conocimientos y aplicar a su arte aquello que ha visto en los artistas italianos del momento. Reconociendo a Italia como la "Meca" del arte europoeo del momento. Al poco de llegar a España, se encuentra con la "Gran Obra" del momento, la decoración del Monasterio del Escorial en la provincia de Madrid, un Monasterio mandado construir por el Rey Felipe II y en el que van a trabajar los mejores artistas de la época. 

      En el año 1.567 atraído por el trabajo que se ofrece en el Monasterio del Escorial, recien llegado de Italia, se presenta en el Real Sitio, Juan Navarrate, trayendo consigo El Bautismo de Cristo, una pequeña tabla que presenta a los frailes Jeronimos y al propio Felipe II, como tarjeta de presentación para trabajar en la decoración de este lugar. El Monarca español queda admirado por la obra del joven pintor riojano y le contrata. Sus primeros trabajos en el Real Sitio y para el Rey, van a ser copias de obras de Tiziano. 

     En este cuadro, podemos ver la influencia flamenca en Juan Navarrete, en el Paisaje donde plasma la escena y en los ángeles que rodean la escena central, donde Juan en río recibe las aguas de Juan. Pero tambien podemos ver al influencia del manierismo italiano, tanto en el color como en la cocepción de la escena, recordandonos a Rafael o al propio Miguel Ángel. 

     En el centro de la pintura aparece el Señor, desnudo, realizando Juan Navarrete, en él un interesante y completo estudio de la anatomía del hombre, como realiza en el torso de San Juan Bautista. Jesús se cubre con un gran paño de pureza blanco, Mientras San Juan deja ver su anatomía por la forma de la túnica que le cubre. Cubierto por un manto  rojo, que simboliza el martirio con el que va a entregar su vida el precursos. Jesus no introduce los pies en el agua, sino que pisa el agua como si de una alfombra se tratara. Juan hace de sus manos una concha sobre la que voltea el Espíritu Santo, recordando la transmisión que la Iglesia realiza del Espíritu sobre el neocatecumando en este sacramento. Una corriente de gotas de agua caen sobre la cabeza del Señor. En el cielo el Padre Dios, con la fuerza del Creador, con la que es pintado en Italia por Rafael y por el propio Miguel Angel. La escena es observada en el cielo por dos grupos de ángeles que se dispones a la derecha e izquierda del Padre Dios, mientras en la orilla del río Jordan un grupo de ángeles esperan con un manto rojo, símbolo del bautismo de Cristo, la salida de Jesús de las aguas del Jordán, para que una vez investido por este manto pueda iniciar su vida publica, su predicación.

     La tabla permanece en el Real Monasterio del Escorial desde el año 1.567, hayandose iventado en el inventario de 1.574, durante la invasión francesa de 1.808, el cuadro es trasladado a Madrid para formar parte del Museo Josefino, de donde paso a la Real Academía de San Fernando y en el año 1.827 al Museo del Prado donde permancerá hasta la actualidad, pudiendose contemplar en una de sus salas hoy.